Cásting multitudinario Más de 25 mil personas se presentaron el sábado, en el Tigre, a la prueba del reality que producirá Tinelli en el verano: 1.900 pasaron a la segunda etapa. De ellos saldrán los 24 participantes que aspirarán a estar en “Bailando 2011”
El playón de la estación de El Tigre se convirtió en una gigantesca pista de baile, en la que los aspirantes a formar parte del Bailando 2011 mostraron sus aptitudes, en grupos de a mil personas, ordenadas perfectamente en hileras y cada una en un círculo marcado en el piso. La convocatoria para el reality Soñando por bailar , producido por Ideas del Sur (que saldrá desde el 4 de enero por El Trece) atrajo a más de 25 mil candidatos con ansias de estrellato. La consigna era repetir varias veces la coreografía ideada por Hugo Avila y Lolo Rossi (quienes supervisan todas las coreografías de ShowMatch y que se podía aprender por Internet en la página de El Trece) para lograr ser elegido por alguno de los 20 coachs repartidos entre las filas. Cada ronda de 1.000 participantes se extendió entre 30 y 40 minutos como para que todos pudieran ser supervisados por los entrenadores en su recorrida. El que recibía un precinto de color rosa para colocar en su muñeca, había alcanzado la meta. El sábado a la tarde fueron 1.900 los que lograron su pasaporte para la segunda etapa. De ellos, previa entrevista con los productores para contar su historia de vida y con prueba de cámara, sólo quedarán 24 (más seis suplentes) que formarán parte del reality durante el verano. El resto tuvo que volver a su casa con un sabor amargo. Y algunos incluso, llorando.
Aunque el cásting arrancó a las 9 de la mañana, ya desde el lunes anterior había varios ansiosos esperando su turno para bailar con el tema de Black Eyed Peas y David Guetta, I gotta feeling (pegadizo como pocos); como el caso del tucumano Patricio Colombres, que obtuvo el número uno. El esfuerzo valió la pena porque fue uno de los preseleccionados. Los primeros productores que llegaron al lugar alrededor de las 5 de la mañana del sábado se encontraron con grupos de entusiastas que practicaban la coreografía sobre la ribera de uno de los canales del río.
La jornada fue larga, muy larga (casi hasta la madrugada del domingo), pero la energía no disminuyó nunca. Desde el escenario, Marcelo Valencia, el productor ejecutivo de Soñanado...
, junto a un grupo de bailarines del staff de Ideas del Sur (que fueron rotando), no paró de arengar a los participantes; a la mañana, con un cielo nublado; más tarde con sol a pleno y después, hasta la medianoche, con luces artificiales. En el medio, hubo móviles en vivo para los programas de El Trece, La cocina del show y Sábado Show . Ininterrumpidamente se fueron pasando la posta (en El Tigre y en los estudios de El Trece), Matías Alé y Sofía Zámolo; Jorge “Carna” Crivelli y Walter “Chino” Dángelo; Mariano Iudica que transmitió desde un helicóptero; José María Listorti y Denise Dumas y hasta el intendente de Tigre, Sergio Massa, que no quiso perderse el evento.
Semejante convocatoria de público necesitaba un operativo de grandes proporciones que incluyó 250 efectivos de seguridad, 8.000 metros de vallado, 8 puestos de primeros auxilios y otros 20, de hidratación para participantes y acompañantes. Además de una ambientación con 100 luces robóticas, otras 400 de ambientes, 9 cámaras y el helicóptero para las tomas aéreas, entre otras cosas. “Desde hace cuatro meses que estamos planificando esto, en conjunto con el Municipio que está acostumbrado a organizar eventos multitudinarios”, dijo Valencia. De hecho, el escenario quedará para que pasado mañana actúe allí mismo Ricardo Montaner.
“Es muy gratificante ver la energía que ponen todos”, comentó Avila. “Vinieron personas de todo tipo y es emocionante ver cómo fraternizan y se apoyan mutuamente, a pesar de que no se conocen”. El coreógrafo confesó que la coreo la testearon antes con un asistente de producción que no tiene habilidad para el baile. Y funcionó: “La idea es que cualquiera pudiera hacerla”.
De un lado del vallado, los nervios y la ansiedad se mezclaban durante la espera. En la carpa de preseleccionados, el clima era de la alegría y relajación, con chicos, chicas y travestis producidos con esmero para las cámaras. Todos con la ilusión de ser uno de los dos elegidos para estar entre los famosos del Bailando...
el año que viene. Todos se tienen fe. Como Leo Suárez, que se jugó a llamar la atención y no dudó en calzarse una malla enteriza roja, cual Martín Karadagian de la danza, y logró el objetivo. “Vine porque me encanta el baile. Y como tengo 35 años, el límite para el cásting, es mi última oportunidad”, cuenta. posando para las fotos con mucha naturalidad. “Me encanta el baile, pero me falta técnica”, dice este hombre que trabaja como actor y chef. “Esta malla la usé como cábala”. Y sin pudores, aclara: “Además, la usé para demostrar que uno puede mostrar algo más allá del cuerpo”.
Otra que logró su pase a la segunda fase del concurso es Sofía Simó, algo así como un clon de Wanda Nara.”Todos me lo dicen, a mí me da risa”, admite. “Vinimos cuatro amigas y quedamos tres. A las seis de la mañana ya estábamos acá. Veremos qué pasa en el día a día. A mí me interesa aprender”, dice la chica de 21 años que se declara profesora de danzas.
Leo, el hombre que no le teme a su imagen, es de Villa Ballester y la doble de Wanda, de Villa Devoto, pero no fueron los que más viajaron para probar suerte en el casting. Había participantes de todas las provincias y hasta de Uruguay.
“La idea es trasladar el mismo espíritu que tiene el Bailando..., con los personajes famosos, a la gente común”, explicó Pablo “Chato” Prada, productor general de Ideas del Sur. “Por eso, no es tan importante que sepan bailar, porque para eso se los va a preparar en el reality. Sí tendremos en cuenta las historia de vida, la personalidad, el carisma”. Finalmente, el público será quien consagre o no, con su voto telefónico, a un anónimo como nuevo personaje televisivo famoso.
Vecinos asomados a sus balcones desde torres linderas tuvieron un show en vivo y en directo. Y hubo algunas sorpresas, como las que brindó un grupo de albañiles de una obra en construcción que se animaron a copiar la coreografía desde las alturas, casi como protagonistas de una publicidad. Otra de las notas más emotivas y divertidas del día la dio una abuela que no pudo participar y sólo fue de acompañante. Y en un mínimo alto entre los grupos, apareció frente al escenario y desafió: “¿Qué pasa?, ¿nadie se mueve?”. Y se largó a demostrar que se puede bailar con gracia a cualquier edad. En cuanto las cámaras la captaron, empezó a sonar de nuevo la música y los coreógrafos corrieron a acompañarla en sus movimientos. La audacia le valió una ovación. Al final del día, después de muchas ilusiones rotas y otras en pie, seguía sonando el irrefrenable ritmo de I gotta feeling .
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